Cazadores de Sombras, las tres versiones.

por | 21 Mar, 2018 | Cine, Libros, Series

Sorprendentemente, se acaba de estrenar en USA, la tercera temporada de Cazadores de Sombras.

Y digo sorprendentemente, porque la serie es, básicamente, mala. Y, sí, la veo. El porqué es un misterio. ¿Os preguntáis si la veo porque, a pesar de todo, se parece tanto a los libros que, aún así, merece la pena? Negativo.

Entiendo que en las adaptaciones de libros o cómics a la pantalla siempre tiene que haber licencias cinematográficas, pero no me explico qué satisfacción encuentran los guionistas en cambiar personajes, eliminar sucesos o modificar caracteres hasta hacerlos prácticamente irreconocibles. Y no. Plantar un diálogo completo, entresacado de las páginas, muchas veces en un contexto completamente diferente, no es suficiente.

Si un libro ha llegado a tener la trascendencia de ser convertido en guión, es, casi siempre, gracias a los fans y al movimiento que generan. ¿Por qué soliviantarlos entonces? ¿No entienden que los primeros que van a ir al cine van a ser ellos? ¿Y qué irán no una, si no varias veces? ¿Y la recomendarán a todo el mundo? ¿Y se comprarán el DVD? Nunca desestimes el poder de un fandom.

Bien es cierto, que en algunas ocasiones se conseguirán nuevos seguidores, que se habrán enganchado a las películas, sin haber leído una sola línea, como en el caso de Harry Potter, Crepúsculo o Los Juegos del Hambre. Pero, ¿qué pasa cuando a los fans no les gusta la historia, porque no es “la suya” y al público en general, simplemente no les gusta? Por el amor de Chuck, ¿os acordáis de Hermosas Criaturas? Sin duda, la peor adaptación de cuantas he visto, y he visto unas pocas.

Cassandra Clare es afortunada. La película basada en el libro Ciudad de Hueso fue un desastre de taquilla. Aún así, alguien debió de pensar (con razón) que la historia merecía ser contada, y anunciaron la serie. Y ahí la tenéis, mala y todo, en su tercera temporada.

Claro que, también es posible que la propia Clare esté sufriendo tanto como nosotros (los que nos enamoramos de los Shadowhunters originales) por los derroteros que lleva la adaptación de su historia, y que no tenga ningún poder de decisión para evitarlo.

Me explico: Hace algunos meses un fan de la serie preguntaba a Todd Slavkin (el showrunner) si, en siguientes episodios, uno de los personajes iba a actuar de determinada forma, como sucedía en los libros (no voy a profundizar más, por aquello del spoiler), a lo que éste contestó que aquello no iba a suceder, puesto que, a diferencia del original, el personaje molaba demasiado para eso. Los seguidores de la saga se sintieron ofendidos, tanto, que al final llegó a oídos (ojos) de la autora. Esta se limitó a tuitear que esperaba que no hubiera dicho eso con intención de faltar el respeto a los fans de los libros en los que se basaba su serie. Slavkin pidió disculpas por la mala elección de sus palabras y ella las aceptó. Fin del incidente.

La historia original (Los Libros)

Todo comienza con la pelirroja y sobreprotegida Clary Fray y su mejor amigo Simon, ambos adolescentes, que se encuentran una noche de verano en una discoteca en Nueva York, donde ella ve a un grupo de chicos asesinar a otro. Clary espera conmoción, gente gritando, policía, caos…  Pero es que nadie ha visto nada. Literalmente. Ni siquiera Simon, que no sabe si creerla, aunque confía ciegamente en ella. Cosas del amor.

Clary sabe que no está loca, pero, es que, últimamente ve cosas extrañas, que nadie más ve, o siente la sombra de recuerdos que nunca ha vivido. Por fin va a conocer la razón. La verdad es que el chico asesinado no era exactamente humano. Y los que le mataron tampoco. Resultan ser un grupo de Néfilims, cumpliendo con su deber. ¿Néfilim? ¿Qué es un néfilim?

Mil años ha, el ángel Raziel mezcló su sangre con la de los humanos, creando una nueva raza mestiza de soldados que vive para proteger a los mundanos, (nosotros, simples e ignorantes mortales), de los demonios que nos rodean, de los que, por supuesto, no sabemos nada. Gracias a un intenso entrenamiento, físico y mental, y a las diferentes runas que tatúan en su piel o dibujan en cualquier objeto, obtienen diferentes poderes, de curación, fuerza o invisibilidad. Como en aquella discoteca.

Entonces, si eran invisibles a los mundanos, ¿cómo es posible que Clary les viera? Ayudada por Simon y sus nuevos amigos los hermanos Lightwood, Simon y Clary van a descubrir un secreto que su madre y su “tío” Luke le han ocultado toda su vida.

Mientras desvela sus propios misterios, y los ajenos, Clary va a estrechar cada vez más su relación con Isabelle y Alec Lightwood y su hermano adoptivo, Jace Wayland. Jace es guapo, sexy y misterioso, como no podía ser menos, y fue acogido por su actual familia cuando tenía diez años, después de ser testigo de cómo su padre era asesinado por Valentine, un carismático y radical Cazador de Sombras, que encabezó una revuelta que acabó en guerra civil, y al que todo el mundo cree muerto. Todo esto tuvo lugar en Idris, el hogar de los néfilim, un país del que los mundanos, lógicamente, no hemos oído nunca hablar, y cuya capital se llama (pásmense) Alicante.

Pero los acontecimientos se van sucediendo. A Nueva York están llegando demasiados demonios, la madre de Clary ha desaparecido, los Instrumentos Mortales, (las reliquias más sagradas y peligrosas que el Ángel legó a los néfilim), están en peligro, y con ellos toda la humanidad. Así que Clary, Simon, Jace, los Lightwood, Luke y Magnus (un atractivo y poderoso brujo bisexual), con la ayuda (o no), de vampiros, hombres-lobo, hadas, y otros seres fantásticos, van a tener que pasar por una serie de aventuras (también amorosas, por supuesto) para salvar al mundo.

No deja de sorprender que la puritanísima Stephenie Meyer recomendara estos libros, salpicados de relaciones prematrimoniales, homosexuales, e incluso, incestuosas. (Cuánto ha influido Star Wars en la cultura popular…)

La historia va a transcurrir a lo largo de varias trilogías, (acompañadas de algún libro de historias cortas). La primera trilogía está formada por Ciudad de Hueso, Ciudad de Ceniza y Ciudad de Cristal, donde nos van presentando un nuevo universo, que, a la vista está, puede dar mucho juego.

Mi recomendación es leer a continuación Los orígenes, que transcurre en el Londres de la época victoriana, y que consta de El Ángel Mecánico, El Príncipe Mecánico y La Princesa Mecánica. No os dejéis engañar por el título. El hecho de que exista una precuela, no quiere decir que debáis leerla antes, si no queréis que os destripen todas las sorpresas. Es como si empiezas Star Wars por La Amenaza Fantasma, y no por el episodio IV.

La tercera trilogía comienza donde acabó el tercer libro, Ciudad de Cristal (parecía que no quedaba más por contar, puesto que tenía un final, aparentemente cerrado, pero, siempre puede haber más) y son Ciudad de los Ángeles Caídos, Ciudad de las Almas Perdidas y, Ciudad de Fuego Celestial.

El primer libro de la cuarta trilogía, Lady Midnight, fue publicado en 2016, y se ha publicado el segundo, El Señor de las Sombras, aunque aún no se ha traducido al español. A finales de este año se publicará el tercero, La Reina del Aire y la Oscuridad.

La primera adaptación: la película.

Cazadores de Sombras, Ciudad de Hueso fue protagonizada por Lily Collins, como Clary, Jamie Campbell-Bower, (del que nadie se acuerda nunca, y eso que, además de esta, ha participado en dos de las adaptaciones más taquilleras, como son la Saga Crepúsculo, y, aunque brevemente, en Harry Potter) como Jace, Jonathan Rhys Meyers, como Valentine, y Lena Headey (la mismísima Cersei Lannister), como Jocelyn.

Si os soy sincera, es posible que los fans hubieran perdonado “pequeños” cambios en la historia, diferentes escenarios, como que Clary y Simon no fueran al colegio, sino que hubieran crecido y fueran ya a la universidad, la obsesión de Clary con determinada runa, detalles más o menos importantes. Pero lo que nunca debes hacer es cambiar el acontecimiento principal de la historia, como es que uno de los instrumentos mortales acabe en las manos equivocadas.

Si a eso le sumas que la película no era demasiado buena, el resultado fue el esperado.

La segunda adaptación: la serie.

Os aseguro que escapa a mi conocimiento la química de esta serie con el público en general. Y digo esto porque no cabe la posibilidad de que nadie del auténtico fandom apruebe ni la mitad de los cambios que han tenido lugar en esta adaptación.

Empezando por los actores que son realmente malos. Katherine McNamara (Clary) y Dominic Sherwood (Jace) sobreactúan, Matthew Daddario (Alec) es tan guapo como mal actor, y, sin embargo tiene una especial química con Harry Shum Jr. (al que adoro desde Glee, y que es mi excusa para seguir viendo la serie); aunque su Magnus tiene cierto encanto, y Malec es la pareja más creíble de todas, a veces, creo que debería limitarse a bailar. Sólo se “medio-salvan” Isaiah Mustafa (Luke, que ahora, de buenas a primeras es policía) y Alberto Rosende como el simpático Simon.

Supongo que el motivo por el que ha sobrevivido es la obsesión seriemaníaca que existe en la actualidad, y la constante exposición de abdominales que, no por innecesaria, deja de ser bienvenida, de los protagonistas, que, otra cosa no, pero atractivos son un rato.

En cuanto a la fidelidad con la historia original… No me puedo permitir comprarme otra tele, así que tengo que controlar mis deseos de tirar el mando a distancia contra la pantalla cada cinco minutos. He decidido hacer un gran esfuerzo de abstracción, y olvidar todo lo que sé hasta el momento. Para mi gusto, toda la serie, desde el primer episodio, es una gran falta de respeto para los fans de los libros en la que se basa.

Y sí, a pesar de todo, voy a seguir viéndola.